Pareja

Cuando el afecto duele: los afectos negativos en la pareja

Manos que se dejan ir en blanco y negro

En toda relación de pareja pueden haber momentos de tensión, enfado o decepción. Discutir, frustrarse o tener diferencias forma parte de estar en vínculo. Lo que realmente marca la diferencia no es la ausencia de conflicto, sino cómo lo gestionamos.

Cuando los afectos negativos —como la rabia, la tristeza, la culpa o la hostilidad— se expresan de forma repetida o sin cuidado, poco a poco empiezan a erosionar el vínculo. Dejan de ser una reacción puntual y se convierten en el tono emocional habitual de la relación.

Estos afectos suelen aparecer cuando se incumplen expectativas: cuando el otro no hace lo que “debería”, cuando sentimos que no nos comprende o cuando damos por hecho que debería “adivinar” lo que necesitamos. A veces no se trata de falta de amor, sino de falta de comunicación emocional y de habilidades para expresar el malestar sin dañar.

John Gottman (1979) describió cuatro formas de manifestar afectos negativos que predicen con gran precisión la insatisfacción y la ruptura en la pareja. Los llamó “los cuatro jinetes del apocalipsis”.

Los problemas en la expresión emocional de la pareja

1. Críticas reiteradas
Cuando los reproches se convierten en descalificaciones hacia la persona: “Siempre lo haces mal”, “Nunca me escuchas”, “Eres egoísta”.
La crítica ataca la identidad del otro, no el problema. Y con el tiempo, genera defensividad y distancia.

2. Desprecio
Es la forma más dañina de comunicación. Se manifiesta a través de gestos, palabras o actitudes que transmiten superioridad o desvalorización: sarcasmo, burla, humillación, tono de desprecio.
Gottman encontró que el desprecio es el mayor predictor de ruptura.

3. Indiferencia
También llamada “muro de piedra”. Es cuando uno de los miembros se desconecta emocionalmente: no responde, no mira, no valida.
Puede parecer calma, pero en realidad es desconexión. Suele generar en el otro desesperación y soledad emocional.

4. Actitud defensiva
Aparece cuando se responde a la crítica o la queja negando la responsabilidad o contraatacando: “Yo no tengo la culpa”, “Y tú también lo haces”.
Aunque parezca una forma de protegerse, impide el diálogo y bloquea la reparación.


Todas las parejas pueden caer en alguno de estos patrones en determinados momentos. Lo importante no es evitarlos siempre, sino reconocerlos y reparar a tiempo.
La conciencia de cómo nos hablamos y cómo nos tratamos puede marcar la diferencia entre una relación que se desgasta y una que aprende a fortalecerse.

Cultivar el afecto positivo y cuidar la forma en que expresamos el malestar son dos caras de una misma moneda: la del amor consciente, el que se trabaja cada día.

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